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miércoles, 1 de febrero de 2012

LA NOCHE RESPLANDECE

      Debía de ser una noche de invierno igual a la de ahora pues témpanos de hielo se clavaban en mi piel como puñales, aunque la luna, me guiaba en los pasos. Me devanaba en el fuego vivo de un recuerdo. Y la noche y su vaivén eran mi hoguera.
         Como un diamante el destello de los astros pulía la cerrazón de las horas y mi ambigua sombra, se alargaba irreal sobre el camino. Singular y evanescente, la mancha oscura de mi silueta estaba condenada a morir estrangulada entre abrojos. Las horas nocturnas se sumaban fragmentadas, lo mismo que en un ábaco de minuciosas cuentas y blancas pátinas. En las órbitas de mis ojos se dibujaba la noche turbadora. Y la semblanza fuliginosa del cielo revolvía sus poderosas alas y en sus ojos visionarios observé la compasión por mi ser clandestino, que contaba sus pasos, y el curso perezoso de esas altas horas. Mis pupilas dilatadas se removieron entre el cieno de la atmósfera igual que si en mis venas, una mano negra, hubiese inyectado el amargo veneno de la belladona.
          Conmovedora noche en la que acabé apresada en el beso adúltero y glacial del aire y en la sublime luz de los hados. 



Estoy sola
frente al confín                                                       
de la noche.
Con obsesión
espero
el resplandor
del las primeras luces
y el 

despuntar del alba.
En mi faz
cae
la placidez
de una estrella
y pronto caerá
el manto
etéreo de
la aurora
(coralino éter que en mi rostro se abandona)
El orbe titila
en el interior
de mi vientre
y llora la luz
si muere su oro.

                                         Maribelflores

lunes, 23 de enero de 2012

UN ATARDECER

Gimen las ramas del cedro y
en mi boca anidan  sus tristes sonidos 
y esos trémulos pájaros.
Qué puedo hacer? Si no hay descanso y
ese viento azaroso me envía en el pico
su alarido.
Qué debo hacer? Si me vigilan
unos ojos incisivos
y en mis labios se desploman
las miradas candentes del atardecer.
Ya no hay salud. Y a qué me obliga
la vejez cuando modula su crepúsculo
y un gavilán se atasca
en esa febril luz…
Así es mi interior, un sueño y
una sustancia ambarina ceñida a mi alma.
Hoy los árboles han aprendido a llorar y
sollozan conmigo
los espinos.

Y qué podría hacer?
si el disco radiante de la luna

fuese un edén muy agrio
al borde del regreso.                     

                                                      Maribelflores


lunes, 16 de enero de 2012

ERA UN TIEMPO




         La vida me condujo por lugares sangrientos. Y huelen a toxinas las venas por donde flotan tus cenizas y mi espíritu veloz. Pero son tan bellas las ruinas como los círculos concéntricos. Inventor de mi vida, mis sueños son caóticos y aquel sudario es transparente como un espejo que grita. Creador de mi cansancio, el fulgor eterno de la luna es mi alivio, y tu aliento, una ilusión. Un amaño que vomito raíces.
         Hoy es sábado, y una plegaria despierta esqueletos y adormece las hendeduras de los tímpanos y el corazón. Autor de mi voz, qué fría es esta oscuridad cuando comienza el baile de las sombras y vuela rauda la turbación. Pero qué alivio cuando el destello levanta la veda de los astros. Y qué descanso si las cavilaciones se dan a la fuga. Se pactó la hora de la necesidad y la quietud arrasa. Sin embargo, la integridad es inconsolable.
         Padre! Cómo se alarga el tiempo sumergida en esta letal inercia. 


Duermo,
y mi sueño es muy lejano.
Suspiro,
y se trasforma en bosque este sinuoso valle,
y en duendes, mis ojos abismales.
Esta noche, los doseles vuelan
por el cuarto
como las olas expuestas al aire.
Pero, ven y dime ¡padre!
dónde dormita la memoria
si en esta angostura se descansa tan placidamente.
El tiempo es un preciso instante
que se ha hecho presente
en el silencio adormecido del valle. Es la hora
y aquí se ha clavado la noche y
habrá que hacerse a la oscuridad.


¡Dios de la luz y de las sombras!
la certeza se detuvo en la estancia
arrojando primero la calma
y después la tempestad.

Mengua la luna,
y cómo podrían mis ojos negarse a mirarla.
Pero si decrece su belleza
un ingente vacío
traspone por los montes.


 (Desde Alpujarra de la Sierra, Enero 2012)
                                                                                                       
                                                                           Maribelflores

lunes, 9 de enero de 2012

SONATA PARA UN JARDÍN DESIERTO



Soy crisol y soy regazo
y un alud de nieve que baja y aniquila.
Acaricio el jardín 
y se genera una dulce alquimia.
Toco el lodo,
y se levanta la cruz que me mortifica.
Soy perpetuo éxtasis
y pertenezco
a este universo glorioso y fugaz.
Sobre mi pecho giran
la eternidad y todos los planetas
y los luceros crecen 
bajo el barro.
Soy aliento 
y aquí arde mi piel de culebra 
y en el agua perdura su reflejo.
Pero
todavía persiste el hedor de las bestias
en la fuente,
y abreva el olvido y
se estanca el porvenir y la rutina.
Arduo confín ese bronce que hoy expande la tarde.
Arduo misterio que purifica este laberinto de cometas
y árboles.
Relumbra el lodo y al cabo del día
se fulmina la faz de la tierra,
luego palidece, este universo
y la inocencia.

                                                                        Maribelflores

martes, 27 de diciembre de 2011

UN MAL SUEÑO


          Poseída por un sueño espantoso, una noche dormida lloré amargamente. De mi surgía un llanto cavernoso, que lúcida, jamás viví con tanta fuerza. Sentía la ausencia de todo y estaba atrapada en el sollozo y en un laberinto sin sonido donde redoblaba hondamente, un émbolo, con la voz de la muerte. 

          Desnuda y sentada sobre una reluciente silla, mi cabeza se reclinaba sobre el tablero de una mesa rodeada por mis brazos. El llanto consumía mi corazón. Mi esqueleto era viejo y cualquiera a mis espaldas habría podido contar con un dedo y una a una, mis vértebras. Abultaban sobre mi columna como los nudos prietos de un cordel. Mi piel yacía, en virutas contraídas. Palpaba los fantasmas del presente y del pasado. ¡Lloraba desesperadamente! Ante mí, apareció una mujer embarazada y desde su vientre salió despedido el líquido amniótico. Me rebotó en la cara pulsando de nuevo mi existencia. Sin embargo, yo sentí que me disolvía y me hacia líquida como una cascada.

         Luego alguien, al boleo, disparaba perdigones de plomo sobre mi dorso abatido encima de aquella tablazón.  La angustia que viví con la munición clavada en mi espalda, me sirvió de gruta, donde soltar todo aquel arrebato.
         Una umbría oscura lo mismo que un sótano sin ventanas, rodeaba el escenario del tablero en el que mi cabeza se posaba como un cuévano.  Mi cuerpo despojado estaba solo en medio de un acerbo escenario.  
         Desmoronada vi, como nunca habría imaginado ver, mi propia destrucción. Desperté bruscamente dando tumbos sobre la cama. Me senté en el borde con el peso de la inquietud con el miedo y sin ninguna esperanza. Dos segundos después, palpé la suavidad del día y el talismán de la luz se transfiguró en un agua marina flameando pureza entre aquel habitáculo. 
         Sin dudarlo, me reconcilié con el mundo. 

domingo, 18 de diciembre de 2011

ADVIENTO



Más allá del invierno
se desliza un latido
un gesto en el rostro, en
el deseo, en
la celebración.
Más allá de la luz o de la pantomima
que arde entre esa niebla
y las estrellas
de la conmemoración.
Más allá de las raíces asidas
a la esperanza y a la evocación, al esplendor
de la infancia y a los días de brindis, de entrega y
glorificación.
Más allá de todo el oro que descienda,
durarán,
la dentelladas a los árboles
las hojas caídas y ese vinculo ligado
a los que más quisimos y a los que nada queremos.
Y a la misma vida
que se creó de imprevisión y regocijo,
de simulación
y voces enlazadas…. 

                                          Maribelflores

lunes, 12 de diciembre de 2011

FANTASÍA SONORA

          Estoy soñando y en mi sueño parpadea una luz con el brillo del encaje. Y veo un dosel tambaleado por el aire que atraviesa el hueco de mi tragaluz. Esta mañana me atenaza la armonía ¡Que extraño!

           Piel de asombro, tu claridad es completa.
         Y en el jardín todo es oráculo cuando se celebra la profecía de la música y bulle un fantástico coro de aves negras. Y aún me pesan los párpados y el alboroto. Y me zumban los timbales. Y los tambores ya penden de mis entrañas y ahora suspiro sin ningún resentimiento. Oh! esta alborada es un placer pues hago añicos la muralla por donde trepa a menudo la hiedra o el engaño.

                Es verdad, estoy soñando completamente despierta.
         Y canto a la existencia y a este vértigo  y ¡a toda la eternidad! Y después, cuando se agota mi balada, me quedo inmóvil mirando el moviento y el tremolar del amanecer, y ese calado de cielo a donde se ciñen las nubes al azul como un esponjoso algodón. Todo está medido y cadencioso lo mismo que en un pentagrama. Todo fulgura en el crisol del alba. Y todo aparece de repente en su eterna lucidez.

         Y duermo de nuevo en paz, y ya recogida, me regocijo contemplando la luz del alba, tan prodigiosa, que de ella ha nacido este mundo invisible del que venimos. Tan milagrosa, que es dulce regresar a la locura de atravesar  la creación y el espejo de Alicia.  
                            
                        Maribelflores

martes, 6 de diciembre de 2011

LA ÚLTIMA ROSA



         Y este deambular por el jardín como en la cuerda floja. Este funambulismo en franca rebelión. Este hilo de seda a punto de cortarse que relumbra su prodigio fortuito y después me atrapa en su hebra o en su añoranza de luz o, en ese espíritu de exterminio que vaga  bajo la ventisca del jardín. Añoranza… o como incubar cadáveres sobre el musgo y rebotarlos vivos sobre el surtidor del agua.

         Este invisible alambre. Indolente filamento que es como una mísera larva, un beso siniestro o unos salobres labios, da lo mismo. Este celofán por donde camina errabunda mi amarga figura o el letargo. Y este estigma errante que soltó su herida entre la infancia  y dejó calado un vasto túnel con su negro aliento y aquel temblor que me vio morir a la vez, de ultraje y de deseo.

          Esta violencia extraviada en mi cerebro o este pánico innegable.
         Dame tu auxilio árbol del invierno. Sujétame a tu descarnada copa y enlázame a tu enramada de fronda o de hojarasca o de escarcha. Y a tus raíces y a esa matriz que devora la tierra. Esquivo invierno, desvestido de dulzura y de rosas. Vorágine de remordimiento irreparable y de creencias o desesperación. Vendaval de traición y hastío o impaciencia.

         ¡Madre!  Y tú no estás. Y qué horrible esta mortífera fantasía. Madre, préstame siempre tus manos y escucha mi ensueño o mi delirio y esta súplica. Aquieta mi destino y frena este rumbo que excava en el silencio y en el frío y en esta casa descomunal. Y luego… luego entrégame tu estela luminosa y ¡haz algo! Haz florecer la última rosa del invierno.

                                                                                                                                     


                                                                              Maribelflores

jueves, 1 de diciembre de 2011

LOVE

Como si fluyeran por mis tímpanos
raíles oxidados,
así me sonaron tus pasos
esta tarde
cuando crucé el jardín empapada de fatiga
y tú, me sonreías bajo la lluvia.

Y aquí estoy ¡mansa! pero infeliz,
y abrazada a la dócil música
del agua
que me roba el ritmo.

Rasgada por nubes cenicientas
que se han quebrado en mi interior
al chocar con todo un manantial de vidrio.

Pero desconsolada
¡vivo! de lo vivido
o de un sueño
o de una estupidez que aún grita tu nombre.

Nada queda
salvo algunas partículas de luz
encendidas en los ojos de la noche,
Y ahí, entre el silencio
puedo mirar tu rostro
y oír, en el rigor del duelo,
la voz que amé. 

                                          Maribelflores

lunes, 28 de noviembre de 2011

EL HOMBRE LOBO (Cuento)

 

        
     De pie, en el centro de un vestíbulo octogonal, observa atentamente las paredes. En dos de esos ocho muros hay colocados unos espejos altos y rectangulares. Solitarios, profundos, penetrantes, la miran desde el fondo de su silencio diario.
         Primero los contempla simultáneamente y después uno a uno.
         En su interior se esbozan pútridos paisajes con vistas al abismo. Ambientes ocultos de acuarela, cuyo viso de vidrio, los sacará hacia fuera. Ella observa con cara severa mientras le da la vuelta a la antesala. Agudiza los sentidos y dentro de esos espejos empiezan a liberarse, dos ambientes tumultuosos que en segundos cobrarán vida.
         Mira en el primero pero no ve el instante sino las prietas sombras del pasado. Y distingue una criatura sentada en un poyete balanceando abajo y arriba unas piernas en las que suelta, íntegra, su energía. Una cándida colegial de ojos oscuros y adormilados, de pelo lacio y frente muy despierta. Esa chiquilla tiene cara de luna llena y el cielo encapotado en su mirar de pájaro.   
       Al fondo del cristal un hombre y una mujer, desde hace décadas, tienen amputadas sus cabezas y desde esas dos incisiones salen sendos ramos de flores secas, como si ello fuera un ornamento en sepia.

     En la base del segundo espejo, escucha ecos de pasos precipitados en la noche de la ciudad vieja y advierte que un viento amotinado se ha colado en la luna del cristal. 
         El eco de los pasos retumba entre los edificios cercanos y rebota con tanto orden que resulta escalofriante. Cada segundo ese caminar atormentado redobla sus pisadas. Los pies trepan por las calles y desde el empedrado les crecen hacia arriba gruesos ramones que hacen de esas piernas una pizca de músculos, prieta.
       La persecución avanza pero las travesías se estrechan hasta convertirse en un embudo cegado por el cuello. Ahora esas piernas recorren el laberinto de las calles, una y mil veces, como en una especie de espiral de locura que buscase desesperadamente alguna embocadura donde esconderse. Pero los muros le devuelven de nuevo el eco de una batalla ya perdida y vierten sobre los pasos, el frío helador de unos callejones taponados. Ese aire glacial y sedicioso se ha hecho un bloque de hielo en las piernas  y cada vez que pisan fuerte sobre el adoquinado, el hielo se rebana y es como si cayeran, a tajadas, trozos de vidrio sobre el relieve de las piedras.
         El aire tormentoso ha puesto pálidas todas las calles y la luz de las farolas dentellea una especie de veneno entre los callejones y sudan sangre las paredes de las tapias, cuando envenenada, la corriente, arranca las vestiduras a esa impúber que acelera su marcha entre angostas callejas.
        Un hombre fornido disfrazado de lobo camina detrás de esos pasos con oscuros propósitos. Esa fealdad vocifera hacia dentro su jadeo y su concupiscencia: criatura, cria…, y se relame con los dedos todo el espumarajo de su boca. Se excita y babea. Se atiza y babea. Se espolea y babea. Se vivifica y babea y se invita solo, a un festín desolado. 

         El hombre lobo posee una fuerza lujuriosa aunque resopla mientras mortifica a su víctima. Su rostro se ve borroso dentro del espejo, pero sin duda es violento. Un demonio. Una bomba humana que vive enfurecida y ávida de carne fresca. Y esa garra humana con fauces de bestia, troza su botín con gran voracidad y cuando acaba, espantado, lo sepulta.
          Copula… y se hizo trizas la carne de la victima.
        De su mirar de pájaro, ahora vacío, escapan bandadas de aves blancas dejando una estela de luz por toda la ciudad, detrás, una ingente nube de cenizas va cubriendo un tenebroso cielo.
                                                      
                                                                                       Maribelflores

                                   "Mi pequeña denuncia contra el crimen más abominable que existe, y que pasan décadas, y ahí sigue"

lunes, 21 de noviembre de 2011

.... Y EN EL CORAZÓN

Llueven hojas
hilos de sangre
!hielo!
gotas de agua
barro,
estampidas.
Y suena Beethoven
-en Claro de luna-
y se tañe de melancolía el cuarto.

Oh recuerdos
sueños
¡Oh poeta, hombre!
Se me adormece el dolor
pero mana de nuevo la utopía
apresada en un místico beso
cuando resopla tu oasis
en mis labios.

Mas llueve súplica
aflicción
“turbia muerte”
por la que chorrea tanta aberración
y tal pánico y tal emoción
y los sueños
y la luz
y esa impaciencia
de este impar pero absurdo disparate.

Cuerpo de Náyade,
en tu frágil regreso del delirio de un día
 de un tiempo
o de un esplendor, hoy, roto.

Y se adormece la tarde
-temblando
evocando-
y se desliza al abismo de esa lluvia
que hizo languidecer la ciudad.

Y más que nunca
la urbe
se quedó sin energía
y
a merced del gris y la nostalgia
 suelta su vagido
y tirita,
y se sacude el agua
y centellea el desaliento.

Y ahí fuera
AY! cómo desciende el otoño
sobre la vieja ciudad
-desvaída
   plomiza-
y cargada de inquietantes presagios. 

                                                        Maribelflores

jueves, 17 de noviembre de 2011

E-MAIL (a mi hijo)

Como en un jardín de hielo y nieve
así te veo
!mi hijo!
blanco de nieve
y un negro que parpadea
en la gran distancia que nos separa.
Pero también en los ojos diáfanos del Elba
en cuyas aguas tu reflejo reverbera ahora
hacia la ciudad de Hamburgo.
Jamás llegó a esa gélida tierra
un hombre ni más leal
ni más noble
ni más soñador que tú.
Un águila por cuyos latidos
se mueve el viento
en diagonal.
Deshojas tus pétalos
donde pisas tierra
y esa irradiación
se extiende entre el asfalto.
Eres inmenso y nacarado como una perla.
Te desnudas y tu luz me fulmina.
Y nadie te quiso tanto,
pues si la voz de este poema saliera en off...
saldría trémula
o desembocaría en llanto.




Mi hijo ha trasladado (esta semana) su lugar de residencia y de trabajo a Hamburgo. Mi corazón se partió un poco y le envié ese poema, de arriba, por e-mail. 
España está mal, muy mal para todos, pero sobretodo para los jóvenes. Un día ese pais (Alemania) me quitó un padre más de veinte años y ahora allí, se me fue un hijo y reconozco, que a ese pais, lo odio y lo amo....



E-Mail de vuelta de mi hijo:

Joder madre, que me he emocionado y todo. Menos mal que no me escribes uno de estos todos los días.

Ya he pasado mi primer día completo en esta tierra, gélida como dices. A menos tres grados que hemos llegado hoy durante el día, así sin prepararlo mucho. Todo va bien, no te preocupes, Ayer ya conocí a una pandilla de amigos, todos españoles e ingenieros por el momento. Estuvimos por el centro de Hamburgo, de marcha y conociendo a la vez el ambiente de la ciudad. Yo he llegado a la conclusión de que cuanto más frío hace más se mueve la gente. Y no he visto ciudad con más vida que ésta. Todavía no conozco nada, obviamente, pero no es mal sitio en absoluto. Fresco, eso sí.

Y bueno, a ver si voy alternando y haciendo amigos también. Todo se andará. Me queda todo por hacer pero sigo muy ilusionado con mi nueva etapa. Mañana me dedicaré por completo a la labor de buscar una residencia o habitación y empezar a hacer algunas llamadas. Algo temporal pero necesario, porque no veas las historias de miedo que me cuenta, mi amiga, de buscar piso aquí. Alucinantes. Como buscar trabajo, casi. El martes empiezo a trabajar, ya sabes. Te contaré cómo ha ido.

Que sepas que este poema me lo guardo, me ha conmovido. Tu pluma ya empieza a ser afilada.

Estamos en contacto. Te quiero. Besos

viernes, 11 de noviembre de 2011

ALLÁ, EL VERANO


Hombre de espuma
en esa ola me lo traen, mares lejanos.
Cuerpo enmascarado de salmuera y azules,
besas mis manos
y las corroe el viento de las salinas.
¡Oleaje marino!
rodéame
 y cíñeme a tu cintura

Hombre melancólico de sueños distraídos
y fantasías de pirata de mar.
Plata y oro puro, así te quiero
hombre de las tinieblas y la luna,
y enlazado al reposo de mi alma otoñal...

Hombre de la noche
empuja ese temporal hacia la bahía
y mi fiebre resucitará.
Poderosa turbulencia, calla ¡por Dios! mi herida
pero levanta un motín
con los destellos de la tempestad.

Hombre ciego,
corta mis pupilas en canal
y con el viso de ese metal
arrecia el viento hacia mi ardoroso pecho
y empuja luego hasta mis labios,
la luz rielada del mar.

                                                                             Maribelflores.






 

lunes, 7 de noviembre de 2011

ESCALINATA

         
         Esta casa es como una cripta de vidrio por donde se cuela el resplandor a brazadas. Pero cuando estoy sola,  me siento como un poste quebrado que observa la vida tragada por esos ventanales. Los vidrios forman adentro una confluencia de luces y espejos cuyas imágenes desprenden, al parecer, un secreto, que hospeda en su interior a mis ancestros. Y como yo no soy medrosa y mis ancestros son extremadamente leales, deambulan a sus anchas delante de mis acalorados movimientos o se orean al sol detrás de los cristales lo mismo que si fueran seres mortales.


         Ahora mismo, mi abuela paterna, trepa muy paciente por la gran escalera de mármol. De un escalón a otro, la anciana toma aliento, cogiéndose al pasamano de la baranda. Confusa, a cada peldaño que asciende, abre más y más la boca y pierde aquel aspecto inexpresivo de antaño. Mi cuerpo la sigue enderezado y sube más dinámico que el de ella, pero escala cronometrado y a la zaga del compás pausado de la anciana. Mi abuela lleva puestas varias capas de enaguas. Todas pardas. Ella es el símbolo maternal de mi pasado y su amor fue, más poderoso que la vida. Hoy sólo es una presencia tolerable y la luna de un espejo agrietado  en cuyo fondo, aún se bosqueja, alguna quimera.


         Paralizada sobre el rellano de la escalera, al pie de una enorme vidriera, suelta sus escuálidos dedos del listón de la baranda y  muestra un gran asombro mientras observa todos los matices de los cristales. Se piensa olvidada, pero yo aúllo con un alarido tácito y gozo cuando se me cruza su estela. ¡Oh, la anciana! que ha puesto ahora cara de quien ha descubierto la puerta de acceso a la gloria. Y yo atónita mirando su blanca cabellera destellando por el viso que desparrama ese escaparate de colores. Y arrebatada por el afecto que aún le guardo, beso el polvo reluciente que cayó sobre sus manos como ofrenda a sus antiguos sacrificios.


         Mi abuela suspira como si fuese ella, y no yo, la que sufriera la alucinación. Y esos suspiros penden ahora de su candor y de mi enorme sobresalto. Todo le suena a persuasión. Y noto como se rebela y urde contra su pasado. Y percibo que todo ese esplendor la coloca al borde del regreso a la vida. 


         Pero cuando finalizamos la escalada, mi vieja, parece una luz que parpadea en el extremo de la gradería, y embebe y embebe y presto se disuelve en el último escalón. Y mi iris, herido desde niña, sufre un desmayo lo mismo que si alguien me hubiese arrojado ácido a la cara. Y yo experta, de nuevo, incubo el drama. 


         Se dispersó su fantasma, pero se queda flotando en otra dimensión. Su cabellera blanca ondea ya en el vestíbulo tan lánguida como los líquenes. Y su cara pálida se derrite suavemente reclinada bajo el sol cálido de noviembre que se filtra sobre la gradería. Sobre su rostro inerte cae, ahora, polvo iluminado de mariposas. ¿Adónde fue mi pasado?  Sensaciones, imágenes, vivencias, me pregunto hoy. No hay respuesta, sólo escucho un silencio agónico de cripta y un ruido atenazador de osario.

                                                                                  Maribelflores



lunes, 31 de octubre de 2011

YO, VENCIDA


Yo, rayo iluminado,
rayo plata,
que besa ciega en sus ojos
y sella la eternidad en sus labios.
Yo, rostro tallado
ahondando en su fulgente mirada
de jaspe y de cincel.
Yo ópalo de fuego,
carbúnculo granate,
que pule en su radiante piel, de terciopelo.
Yo, fresa o broca
calando un abismal cráter
en su inexplorado ser.
Yo, al anochecer, pupila herida.
Yo alba desvanecida
de forma prematura
en su ocaso universo
y en el albor de mi vejez.  
Yo cópula mustia
boqueando  agua, como hilo de pez,
en su invicta envoltura.

                                                              Maribelflores