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miércoles, 5 de septiembre de 2012

SOMBRAS



En las noches de septiembre
se ha perdido tu rastro
por el laberinto
del silencio 
y la densidad.
Haber sido soledad
y luego vacío
y disolverse más tarde
en la prieta confusión del jardín.
Pero acaso me ha sobrevivido un árbol
y me consuela
detrás de ese tragaluz sombrío.
¿O es que yace
el esqueleto híspido de una sombra
en el corazón mismo del jardín?
Irónica alegría
cual embalaje de esta casa sin nadie
donde ahora me adormilo libre
pero inconsolable.
Vuelve la noche con su herida negra
y  es arduo excusar
este lentísimo verano 
de destrucción.  

viernes, 31 de agosto de 2012

A MICHAEL (en África)


Como un ave migratoria
sobrevuelas
los límites del horizonte
y traspones África.

Tardes sin nubes en mi ciudad vieja
mientras te sueño.
Partícipe inocencia
que unes
en opuestas lenguas
tu bitácora y la mía.

(Pero ya respiro ese instinto,
de una noche,
que aún está por llegar)

Todo tu cuerpo
es como un arbotante de niebla.
Mitad intimidad mitad rostro suspendido
en esas lejanas tierras
y en la quietud de mi umbría.

Dorso de piedra
eres como una columna de antílopes
desbocados ¡libres!
y rebasando las planicies.

Rutas y promesas
incertidumbre y magnetismo  
fundidos
en esta hora melancólica
que exhala aire atardecido de dunas.

Tu nombre emana sed,
Michael,
y merodea dulcemente
la irrealidad y los milagros y
este novísimo esplendor mío.

                                                        Maribel Flores

miércoles, 22 de agosto de 2012

E-MAIL (Invención)

           Cuando este correo llegue a ti, tendrá el poder de lo trascendental. Como si mi pensamiento que ahora vuela hasta tu ser ficticio, me fuese absolutamente inédito, soñador y hondamente irreal.
         Querida invención; tu acento forastero y el poder de tu sonrisa -pues te he creado con la mueca inagotable de esa lerda expresión- crecen placidamente en mi espejismo. Sin embargo, sé perfectamente, que hablo con un ser incorpóreo igual al de un fantasma que se expresa y se viste, como en otra época.
         ¿Serás, tal vez, un caballero andante como D. Quijote?
         O es que flotas sobre las cosas o sobre este valle mío como una nube alada. Si bien, me impresionaría verte cruzando esta quebrada erguido y a lomos de tu noble caballo. Pero como un elemento sin peso, sin realidad; como un autoengaño que abandonara en este valle la vitalidad que yo he perdido.
         Aunque si esta noche contemplaras desde mi ventana el cielo estrellado y esa tenebrosa profundidad, verías la luna saliendo por las montañas del Este. Rutilante satélite, que ahora mismo, se parece a una manzana mordida. Y es que la noche pasada, esa luna, ya empezaba a menguar.
          Pero al mirar este paraíso estrellado, me someto aquel tiempo engullido por el pasado, hoy silenciado, y más que silenciado, oculto entre el negro de la noche. Del mismo modo que mirar la boca de lobo de este barranco sin final, me azora un espíritu que hoy anhelo limpio.
         Querida invención presiento tu amabilidad detrás de cada simulado gesto. Presiento además que tus ilusorias palabras ocultan un enigma y que en tu virtual voz se esconde un paraíso deseable. Y te vivo en esta fabulosa leyenda que he creado.

         Sin embargo, he pensado, que lo ficticio en la mente suele ser un lugar difícil, tanto como estos cerros escarpados del sur de la provincia, adonde ya estoy.
         De cuando era niña, recuerdo el altozano como la gran escalada que alguna vez habría de culminar y luego dejar. Pero ahí afuera encontré más y más cimas esperándome tras de ese primerísimo pico. Y aún estoy por ese afán de alcanzar cada cúspide. Coronar cumbre tras cumbre, sin lugar a dudas, es un propósito arduo pero pujante y deseable.
         Por lo demás, si refresco la memoria, recuerdo aquel mano a mano del silencio propagándose entre la noche  del valle, sorprendente e intenso hasta subyugarme al miedo. Y del mundo exterior del que nada sabía y nada echaba a ver, ninguna invocación consciente. Ni una sola evocación diáfana, salvo aquella absoluta cerrazón, que entonces y hoy, se perdía detrás de las lomas y de la que yo sólo comprendía su total opacidad, como una señal arcana que me infectaba todos los sentidos, de una autentica amenaza.

Desde  ALPUJARRA DE LA SIERRA (16-7-2012)


Maribelflores

lunes, 13 de agosto de 2012

EL OJO DEL SUEÑO



Cerré los ojos
y en su óvalo de fuego, relumbra
un mundo rebosado
de luz y de gloria
y de verdad.
Retorna mi creación rosa
y una ráfaga flotante de aire
se lleva esta morada negra
aquel vacío y
la palabra ciega.

Muerte a la noche
y que solo vuelen
las palomas blancas
el tacto huracanado de un crujido y
la suave brisa de una boca derretida.

Funeral de sombras
en mi vientre ya se deslían
la plenitud
y la paz.

Que mis pechos recobren la vida
y trepen a mi boca
los pétalos desnudos de las rosas
y su dulce sabor.
Que las flores esparzan
una horda de aromas y algodón,
y los violines,
matices de libertad.

Que el vacío dormite detrás de la muralla.
¿quién va?
pues escuché un sonido
y sentí que el golpe de un beso
caía en mis labios
como la materia encendida.

Maribelflores 


 Bienvenidos de nuevo a este blog. Disfruto con vuestra presencia 
y vuestros comentarios

jueves, 5 de julio de 2012

QUISIERA


Quisiera vaciarme en el silencio mismo
y sin voz,
sin lenguaje,
estéril o fragmentada
abandonarme
en el gesto arrancado a la desesperanzada.
Sonrisa mía,
expulsa el sueño eterno de este plasma
perpetuado en mí,
ahora,
que se apodera de la noche
del tiempo
y de la nada.

Quisiera destejer palabra por palabra
y trenzar moléculas de lluvia con mis labios
o con las luces prístinas del alba.
¡Oh mi Señor! vivo con una mano en la garganta
pero es la niebla
el tacto que me oprime esta faringe,
y es el silencio y
las ausencias
y todos los rostros destruidos
o la misma turbación,
la que acaba con mi dulce intimidad. 

Quisiera anticiparme al último gozo
a la última licencia
a esta salvaje vuelta de baile,
¡a la certeza!
o al cuchillo de la carne
cuando balbuce este miedo
que demuele mi nombre
o me desgasta. 

 
                                                      MARIBELFLORES

miércoles, 27 de junio de 2012


 
 Imagen de la red
 
Me está enfilando desde su borde más gélido
y ultima mi póstumo destino.
Menesterosa, se relame con mi desesperanza,
pues desde que la conozco,
sabe,
que mi lengua se desangra
mientras ella se inventa,
nudos brunos,
con mi largo apéndice.
Se oculta en el sonido de una bala
y en las noches más combas
se hace la ciega detrás de mi pálida semblanza.
Desvelada,
me oye llorar y
humedecer este sudario antiguo
y blanquísimo.
Lienzo de escarcha, anoche,
como nunca,
tu contacto conmigo,
fue glacial.
Vive ahogada
adentro de mi misma
pero etérea, se oculta,
en la desgarradura de mi orondo vientre.
En mis venas, se vuelve,
terriblemente espesa y
como las bolitas bruñidas del mercurio,
desciende despacio
pero letal.
Se esconde de mí, pero yo
presiento
su tóxica belleza, habitando en un retazo
de mi cuarto.
Es tan veloz
que, gota a gota,
está rebanándome mi existencia ácida. 

                   MARIBELFLORES         A, Chantal Maillard (Admirada poeta)

  POR FAVOR, SEAN CREATIVOS, NO PLAGIEN.

jueves, 14 de junio de 2012

LO INVISIBLE


Ya es la noche de pétalos
y astros.
Densidad y
llanto
y miradas invisibles
contenidas en el ámbar
o en los brillos del negro -azabache-
Noches de fuego
prended una plácida existencia en estos
sediciosos ojos.
Pues ya es la noche
y voy herida de silencio o
de muerte,
o de fulgor.
¡Ah! transparencia,
lo primero que amó
mi corazón.
de esa lóbrega argamasa
-de esa nada encendida-
fue su belleza.
¡Emisión de seda!
o porciones amarillas
de luz,
deslumbradme,
en éste
otear mudo.
Socavón  pulido y gloria inefable,
a donde irán a parar, 
clemencia y
desahogo
o confusión palpable.



                                                           Granada, junio. Maribelflores

lunes, 4 de junio de 2012

ERRANTE VOY


Plomiza tarde de agua
 me llega la nostalgia
 envuelta
en filtro repentino.
¡Tierra negra!
Ajena tierra, aún sin alma.
Lírica del campo
como aliada mía
¿acaso piensas en mi desaparición?
Lánguida calma,
cuando miro el valle
 la vida se aquieta
y sobreviene manso
el recuerdo
y la pureza que lo aísla.
 Mil pasos crecen
tras los árboles
pero en la fosa de mi boca
se expande el  gran gemido.
A ese pozo abisal
sube lenta la agonía
y corona
de espuma
todos mis sentidos.
Huérfana de niña
y luego, de patria…
 acumulas el dolor en la piel  
como el claroscuro
de un abismo.
                                                                           
                                                       Maribelflores  (desde STADE, Alemania)

sábado, 26 de mayo de 2012

SI VOLVIERA



Si volviera radiante
como yo lo vi
recogiendo rosas
sobre el lecho
 y derramándolas
sobre el universo de mi carne.
Si volviera el hombre,
si regresara,
envolviéndome 
con sus palabras dúctiles
de barro  (Sed o beso)
Si volviera aquel yugo
que estuvo
rozándome el velo de la boca.
Si se alzara de nuevo
el resplandor del ídolo
y se cubrieran
los cielos
de un temblor inmenso.
¡Clamorosa aurora!
Luminosa
¡Deslumbrante mañana!
Si volviera aquel tiempo
de palomas en la cara
…  aquella dulcísima muerte,
desvanecida
bajo la luz. 

                                                               MARIBELFLORES

miércoles, 16 de mayo de 2012

EL BOSQUE SECRETO


     Sobre un colchón de hierba duerme la hechicera del bosque expuesta a la corrosiva intemperie. Pero no conviene ponerle el dedo en la boca pues lame la niebla de la fronda como si fuera una pócima mágica que le sabe a sal de mar. 

     Por el camino secreto del bosque, entre el ramaje de un árbol tupido de hojas,  una lechuza pone un huevo impecable. El ave reina a sus anchas en el nido mientras un rayo de sol cruza la espesura, y le ilumina su volátil plumaje.



     Una cabaña de madera está en silencio en mitad del bosque, y del alfeizar de la ventana de ese frontal exterior, penden cristalinas gotas de agua. Pero si se pega el rostro al cristal del tragaluz, la mirada penetra en la habitación donde se ve encendido un hogar, cuyas llamas, suben y bajan suspendidas.

      En el aire húmedo y frío del bosque se adentra el guía de este laberinto, y esa hondura, no me deja respirar. Exhausta de tanto caminar y de andar largas veredas y no ver ningún rostro, disté de golpe, ocultos tras un tronco de árbol, dos ojos enormes fisgando en mi deambular. Aunque esos ojos, tienen el mecanismo rutinario de eludir esta mirada cuando yo busco descubrir en sus pupilas dilatadas las extensas filas de los troncos. Así pues, mi pecho, hinchado en esos momentos de oxigeno, durante breves segundos, se puso en estado de alerta.
 
     Pero seguí caminando con los brazos desplegados y los pasos resueltos y mi espíritu abrazado al bosque. El corazón me bombeaba haciendo las mismas ondulaciones del camino. Mis pies tocaban las cepas de los árboles y con los dedos extendidos, tanteaba, palmo a palmo, las frondosas copas.  Mi cuerpo entero se creció ansiando la plenitud visual. 
¡Háblame bosque!
o calla.

Maribelflores (Desde Baja Sajonia, Stade, al norte de Alemania)

lunes, 7 de mayo de 2012

A YAGO.


         A Yago le brota el fuego por el hueco de la boca y en segundos se le extrapola la descarga como a un relámpago. Yago es un dragón y de las llamas de esa bola encendida le manan tinieblas invisibles.
         … Yago, el violonchelo tañe su agonía y dobla a mar revuelta y al caer las olas, se troncha en pedazos su rumor cíclico. Pero debajo de esas volutas de agua y sal, se amontona la angustia sobre el tul nacarado de la arena seca. 
         Yago, del subsuelo emerge un sonido atronador de placenta y su fragor me retumba y tu nombre detona y sale propagado por todos los rincones del planeta.
         ¡Veta sobrecogedora, ensordece mi ceguedad!
         Pero si no amo Yago, si no me entrego, si mi pecho enmudece, si en la noche se extinguen los astros, el desorden se empeña en revolver mi erótica y pronto imagino vampiros cayendo sobre mí desde esa negrura que muerde sobre estas arterias brillantes. Si no amo Yago, sospecho que mi memoria exclamaría su enemistad contra el deseo y no habría respuesta capaz de aliviar ni mi sed de ti, ni mi agonía.  Y en la verdad de la penumbra me pregunto si eso no sería mi perdición o morirse por nada entre colmillos afilados. Pues en la noche, Yago, los resucitados, van perfilando mi silueta con hebras de espanto mientras mi corazón trepida ¡muerto de hambre! 

         Yago quiero copular contigo y que nazcan alimañas del acto. Pero por qué no escarbar en ese osario de agravios, por qué no despedazar tus genes implacables, por qué no hurgar en tu minúscula misericordia y con tu estricta mano cavar un hilillo endeble de luz en tus vísceras.

         Resopla el viento en mi destierro Yago, o es qué me suena a un aullido lejanísimo de lobo. Pero si brama la tierra, si muge la música de un violín con sus llagas de azufre, el mar al fin se quedará tranquilo. El mar azul que no descansa en su confluencia con el horizonte. Y allí…  perpetuamente lejos, resopla este compuesto de cianuro y este dulcísimo combinado de esclavitud a ti. 
         ¡Yago,Yago! Estoy frágil, y en mi desaliento he pensado disolverme en polvo y sobrevivir en el interior de tus huesos. Aunque mis limaduras se harán compactas dentro de la carcasa de ese esqueleto y yaceré para siempre tiesa, y como una vela de entierro me estiraré en ese cerco donde por el contrario se riza una serpiente. Una boa que luego repta sobre mí y entra como un hombre a través de mis piernas. Pero cuando el reptil se despierta Yago, no puedo negarlo, me asusta como un ídolo corcovado. Pues se alarga tanto el tramo de la liberación, que al día de hoy soy un puente y bajo esas ruinas fluye un talud de barro y, cómo me pesa el fango en esa soledad. Como la losa marmórea de los siglos. 
          Me siento yerma, Yago, excluida, infeliz y abrazada a un virulento arsenal de guerra. Y huyo Yago, pero no lo dudes, voy a desintegrarme lejos. Voy a desaparecer bajo la lluvia mansa de una ciudad sin nombre donde no habrá sol, sólo tu éxtasis de daño. Sólo , evaporado y mudo. 
         Yago, ya silban los cuchillos que cortarán tu cabeza. Ya escucho los estertores. Ya eres polvo Yago. Ya me rodea un cerco de llanto. Ya vibran mis ojos como si retornase lo que ha desaparecido. Lo que nunca fue.

Huyo
consciente
 de que el amor es un viento
un suspiro
que cruza veloz el corazón.
Y me pregunto
si no es un misterio
que se derrumba.
Una belleza invisible
que no existe.
Una niebla que nace y muere
en el alma
ante el pavor de la muerte
que estuvo
 expiándome.
                                                         Maribelflores

miércoles, 25 de abril de 2012

EL TIEMPO MUERE Y RENACE


HUMO NOCTURNO

Entre la luz de mis sueños
paso en calma la noche
y me veo oscilar
o enmudecer.
Y soy cielo, soy lirio
o nada soy
salvo un gesto.
Un viento
cruzando ese inconsciente insepulto.

Materia de alas,
me circundan visiones de pájaros
y todo lo demás, lo percibo sedoso.
¡Ah! si no amara ese paraíso de Dioses
dibujado en esa irrealidad.
¿Pero quién sabe lo que siento
si he de morir sola,
si he de vivir entre el silencio del humo
nocturno?

Ser ambiguo
hay en ti un antiguo temor
tan pronto olvido
tan pronto
evocación,
tan pronto aflicción tremebunda.

Bajo las sombras soy,
vivo revoloteando,
mas, 
cómo punza ese fantasma oculto en mí. 


BRISA DE ABRIL

¡Verdes campos!
Y a mis oídos sube un rumor de rosas
como un silbido alado
que pasara de cerca.
Y hay un placer,
unas notas vagas en esas fragancias
que arrastran de todos mis sentidos.

¡Gloria a los árboles! Gloria a los pétalos
que no cesan, año tras año.

Porque adoro las rosas
del amanecer
y amo esa plegaria
que abrió una llaga entre el púrpura.   
Pero contemplo la aurora
como si fuera el principio del mundo.
¿O para qué nací yo, sino
para ir al encuentro de esos flamantes rayos?


                                                                       Maribelflores

jueves, 19 de abril de 2012



         A distancia, la mirada absorta de Manuela se entendía como un gesto sosegado que bañaba su rostro arrebujado de anciana. Sus ojos embelesados jamás se viraban súbitamente de un lado a otro, sino que giraban palmo a palmo siguiendo el mismo peregrinar que rodaba en el planetario del cielo. O quizás perseguían algún surco alejado de ese universo milagroso de los espejismos. Con los ojos abiertos su campo de visión era fugaz, blondo o lacrimógeno, pero de vez en cuando sus párpados se le caían adormecidos. Descendían pesados y como los de un alma embelesada en un mundo onírico preñado de reclamos. Pero cuando abría sus ojos y volvía a la vida desde aquel reino nebuloso, su mirada de fidelidad escudriñaba aquel espacio refulgente.
           Segundos más tarde, se removía la humareda de la casa. 
         Algo aturdida, al avivarse de nuevo su vida dirigía sus ojos hacia el haz de luminosidad que entraba por el gran ventanal. Algunas veces se columpiaba sobre la mecedora y su cuerpo longevo, durante la traslación, simulaba un péndulo que acompasaba la vida suspendida del Callejón de los Gatos. Los ojos grisáceos y blancos de Manuela tenían esos matices vagos de alas de las palomas. Y cuando su mirada volaba,  se quedaba gustosamente clavada sobre el tamiz de la luz. Esa mirada desvaída nunca pestañeaba sino que respiraba y sufría un encadenamiento lechoso hacia la luz. Pero con aquel palmo pautado de mirador abierto, disfrutaba de un excelente ángulo de enfoque al reducido cosmos del callejón.
          Desde aquel muro que sellaba el callejón,  caía inextinguible entre la boca de una gárgola, un caudal rumoroso de agua sobre el vaso de un pilón. Y desde el hueco de su ventanal Manuela escrutaba las manos, el ropaje, el andar y el rostro de la vecindad en su ir y volver del agua hasta el hogar.

           Ella se remueve en la hamaca.
        Ella se pregunta y a veces deja atrás ¡y mira! y se resigna a ese continuo viajar suyo y del vecindario que nunca descansa.

          Pero fue en el calor soporífero de aquel verano de lentitud y paciencia, cuando escuchaba el clamor de su viejo moribundo postrado en cama.
         _Manuela ya has perdido de nuevo los sentidos. ¿Verdad?
          Siempre zanganeando.
          Siempre revoloteando.
         _Vieja haragana, despabila. Cámbiame de postura que se me clava en el costado el borde de la cama.
         Pero Manuela eternizaba sus movimientos y en vez de andar inhiesta hacia la alcoba, sus piernas oscilaban al ritmo lento de su emotividad. Su cuerpo blando de anciana se movía creando ondulaciones axiomáticas pactadas en dos segundos con su gastado organismo.

         Ella flaquea delante de él pero aprieta los dientes y hace una pausa compasiva  para no llorar. Después gira su rostro por si es posible aún no menguar tanto y de nuevo agacha las orejas y cede a la iniquidad.
             Cuando el día llega al final, el desahuciado vuelve a vocearla.
          _Manuela, ese caldo, que de algo me habré de alimentar.
       Y como si fuera el eco, escucha por duplicado y por triplicado ese gruñido y su descenso interminable hacia la sima. El rugido viene de la alcoba con la misma naturaleza que sale la ruindad del infierno. Y de esa alcoba  viene además la oscuridad.
        Pero ella busca la dirección del viento. Ella va detrás de esa asonancia tan viciada que la rebasa con toda regularidad. Ella está completa, acabada… pero alza al techo sus ojos cenicientos de paloma y escudriña el espacio y su silencio asciende con gran precisión.

         _Fósil. 
         ¡Inmunda anciana! por qué te demoras.
        Mujer pánfila, vieja inepta, zopenco…  y el desahuciado lanza su polémica al otro extremo del lecho.
         Ella camina titubeante alrededor de la cama. Él la mira y ella baja la cabeza. No hay esperanza. Entre sus ojos, la gran distancia. Pero llega un mal viento y la pasa. Ella da diente con diente y el pocillo de sopa tintinea al tocarse con el plato. El caldo se vuelca y la anciana se gana otro careo con una retórica de agresión que provoca el caos. La boca sucia del viejo embiste a Manuela y la alcanza con suma intensidad. Él le dispara un cartucho de plomos desde esa garganta de artero porque en su boca se crece la ponzoña como las pompas de jabón. En su boca se bambolean, una y otra vez, los racimos de balas.

         Una mañana de finales de verano el viejo amaneció con los ojos vueltos, la boca abierta y la  tez lívida. El zumbido de las moscas ondeaba sobre el tul de la ventana. Ella se levanta y cuando está de pie, le cuesta trabajo creer en el insignificante espesor de la muerte. Camina por la orilla del tálamo y su mirada grisácea se vuelve jabonosa, aunque aguanta la respiración hasta que un alarido le llega de lejos. Sigue el curso de sus manos y desnuda ese cuerpo inerme que le muestra piel y huesos. Friega su esqueleto pero deja que se lo lleve la maraña. Acaba el ritual de la fricción y lo viste con traje de gala. Él surge esquelético pero impoluto. Ella cambia la ropa de cama y cierra para la eternidad el sumidero de su boca pero antes deja que se vacíe dentro de una cloaca. Al fin unge con óleo sus mezquinos labios que han adquirido ahora una sonrisa abandonada y lerda.   

         Cuando sale de la alcoba a Manuela se le ha vuelto la mirada azul y ve las cosas en tres dimensiones. Extenuada y consumida por los acontecimientos se sienta en la mecedora delante de la ventana. Y se columpia, y se acuna, y se duerme profundamente en un abismo de pátinas doradas. Las visiones ahora son ángeles febriles muy arrebatados que le inundan todos los sueños de pétalos. 

jueves, 12 de abril de 2012


Crisálida
atrapada en tu brillante
seda.
Mariposa sin alas
en tu insoportable levedad.
Ficticia huida
de una vida
sin valor alguno
sin juventud, sin esplendor.
Memoria
ampliada en mil ecos
de culpa,
ajenos
a la divina inocencia.
Ideal
de prodigiosos sueños
sin cumplir. 


domingo, 8 de abril de 2012

CRIATURA DE LA LUZ

Ven.
Y no alentemos un nimbo
de sombras bajo los párpados
ni la luz de un sueño fatigoso
que discurra
a ráfagas,
invadiendo la estancia.
Este reino es tuyo
y es dorado
y el resplandor
dura toda una noche de desvelo,
pues las horas duelen
donde se detuvieron una tarde.
Y eres tú, 
y te amo
en esa pausa del mundo
donde te has suspendido.

Pero es la hora del acero
y esta noche 
ha caído
un beso sobre mis labios
y deslumbra como una estrella.


                                              Maribelflores