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jueves, 8 de septiembre de 2011

ESTATUA

Acaso conocí al hombre arena,
escurridizo,
un ser de agua
que se filtró en mí como una ráfaga salobre
y helada.
Un espejismo en la distancia corta.
Allí donde no latió nada
y donde agonizaron las yemas de mis dedos
esperando su sagrado laberinto.
Allí se eclipsó el astro que yo amaba
entre la invisibilidad de la media noche
y una brisa devastadora.  

Maribelflores




                                             
                       

viernes, 2 de septiembre de 2011

AUTORRETRATO



En mis ojos hay viento a la deriva
y una nube mustia vestida de fosco
y la luna que crece
con rabia
pero sin raíces,
y esa hojarasca
que vuela entre mil grietas diáfanas
pero se arremolina sola
con un sonido ahogado
de abismo.
En su cristalino infinito me rompo. Es el odio
y es la muerte y es ¡la vida!
Y detrás de esas ventanas, yo me oculto.
Pero hay algo de opalino en la puerta cegada
de mis párpados.
Una ranura
y cientos de cópulas
y el mar añil
y una tarde
con un horizonte rojo
y
aquel poniente describiendo auras
con su brisa de espigas
y sus tintes dorados
               y millones,
   millones de destellos.

                                                                 Maribelflores

lunes, 29 de agosto de 2011

PULVERIZACIÓN

        
         Una vez cubrí completamente de pétalos de rosa las sábanas blancas de mi cama. Fue una noche hermosa y fragante del mes de mayo. Yo levantama las manos y al momento abría los puños y luego lanzaba al aire los manojos de corolas. Y caían languidamente sobre los lienzos como una lluvia aterziopelada. Luego la noche se inclinaba sobre esas hojas tersas y delicadas. Seguidamente, con una inconcebible delicadeza, unté a fondo mi piel de aceites esenciales y con aquel óleo mi hechura resplandecía bajo el juego de luces del ambiente. Pero todos aquellos destellos se suspendían sobre mi cuerpo como si en mi coraza se reverberara el crepúsculo. Por último, tracé un cerco sobre el suelo de mármol con velas almizcladas, y su esencia vaporosa, delimitó el contorno del tálamo. El fuego trémulo de los cirios ardió toda la madrugada pero yo escuchaba mi licencioso corazón como un galopar de caballos a lo lejos. !Oh Centauro! y rumiaba pensando en el jinete y me sentía gozosa ¡y todo me giraba!.
         Durante la noche, desarropada y tendida sobre el lecho, ebria de celo e impaciencia esperé el regreso de mi amado. Fue inútil.
         Aquella oscuridad se me hizo interminable. Y al amanecer, todos los pétalos estaban plenamente mustios. Los cirios se habían consumido y envolvían, de humo gris, la alcoba y las primeras luces del alba
          Cuando abrí los ojos, a mi cuerpo se ceñían cientos de repulsivas moscas y como si treparan, se empujaban unas a otras por las laderas de mi palpitante pubis y mi fatigado vientre. Rebuscaban con codicia en mi descomposición y en cada una de mis madrigueras. Desde mi abdomen, sentía que el estupor se impulsaba solo y detonaba ¡bum! ¡bum!
         Impertinentes, los bichos, creyeron encontrar entre mi desnudez un vertedero donde alimentarse de mi pútrida lascivia. Me impuse un pequeño sacrificio, una infecta inmolación en la que se deleitaban las moscas. No obstante, durante aquel mal rato, asistí, a un auténtico festín para tantos insectos insalubres.  
         Más tarde, al sacudirme esa plaga, se quedaron enteramente abiertas mis heridas y percibí el miedo rodando como un canto de piedra por el lecho. En aquella atmósfera, imaginé, que el mundo me devoraba y que obraba en mí, sin ninguna compasión. 


                  Maribelflores




martes, 23 de agosto de 2011

A GRANADA Y MIS AMIGOS.

            Regalo a J. Antonio. Blog  "DONDE EL OLVIDO"


          A J. Antonio le gusta describir la estampa de nuestra ciudad en capas. Como si esta urbe antiquísima se nos mostrara en estratos de personalidad unos, justo, encima de los otros. Porque es incuestionable definir nuestros atardeceres con esos trazos rosas y morados. Es innegable la belleza de esos palacios que se ubicaron en las colinas. Y es absolutamente concluyente, que esta ciudad provinciana, todavía es mucho más hermosa cuando se hace invisible a los seres que la habitan.
         Y fue al leer ese post que definió su laberinto particular, su esmerado blog y mi ciudad, cuando comencé a seguir su espacio virtual sin él siquiera sospecharlo. Con el paso de los meses, he podido imaginármelo caminando tranquilamente por el corazón de nuestra ciudad o por el contorno catedralicio, entre la media noche y las tantas de la madrugada (tal vez porque yo me permito hacerlo una o dos veces al año) y en soledad o no, admirar con los ojos del rostro y del corazón, tanta belleza y tanto misticismo que la noche vierte sobre nuestra pequeña metrópoli. Pero igualmente sobre algunas almas solitarias, que ensimismadas, se permiten el lujo de deambular de madrugada por sus angostas calles y ver esta ciudad, con otros ojos y entre sombras y misterio. Vagar sin rumbo y con toda la abstracción posible bajo el brazo y como si ello fuera, el alimento, que a diario nos nutre. Cruzar la ciudad como una proyección de humo espeso que se evade antes de tocarlo. Pasar desapercibido. O ser, unicamente, una mancha solitaria bajo tan magníficos edificios. 
         Pero la primera vez que leí la definición de esta ciudad en el blog de J. A. me dio por evocar sobremanera y con nostalgia, y a saber por qué, mi embrionaria pubescencia.
         Porque hubo un tiempo en el que yo formaba parte de una nutrida coral, integrada entonces por tres grupos escolares distintos, cuyo punto de encuentro era la cruceta central de la catedral de Granada.
         Aquellas voces angelicales amansaban con sus salmos a los creyentes que asistían a la celebración de la misa matutina de los domingos. Y a pesar de mi incipiente juventud o  porque amaba, a más no poder la música, era consciente de aquel privilegio del cual yo disfrutaba. Pero cuando el organista del templo (D. Juan Alfonso) al que acudía tan profusa coral, pulsaba con avidez las teclas del Gran Armonio de la catedral ¡aquel dramático y conmovedor sonido de Tocata y fuga de J. S. Bach! se extendía por la Casa de Dios con todo su poder y con tal vertiginosa resonancia, que sobrecogía el aliento del ser más mortecino, más insensible o más impío. Y en aquel momento, yo me quedaba magnetizada por la armonía de esa grandiosa composición, el poder omnímodo de la fe y mi primitivo candor. Y  concebía por un instante en mi mente, que la bóveda central del templo se partiría por completo en dos y propagaría por el orbe nuestras hechiceras voces y el sonido magistral, que obtenían, del órgano, las manos virtuosas de aquel artista.

         Pero Granada no es sólo un legado histórico o cultural.

         Granada es idealismo y germen de poetas extendiéndose como esas nubes llenas de  agua entre los bosques que rodean el conjunto de los palacios Nazaríes. Y cuando después de un largo paseo bajas de nuevo a  la ciudad, vuelves ciega de romanticismo e invadida hasta las cejas de metamorfosis y vegetación. Y caes por los declives de las cuestas musitando o implorando por lo bajo, para que al abrir el portón de casa, encuentres entre sus muros un ser altamente abrasivo, y más le vale que espere ardoroso tu regreso o tu desplome entre sus brazos.


ODA A LA ALHAMBRA

¡Oh bosques
árbloles
mirto aromático
úngeme de bálsamo.
Luceros de la noche
rociaros sobre mi soledad
y esos hilos diáfanos del agua.
Oh Cipreses
sombras gigantes
acortar mi triste
y errante figura y
envolverme
cuando cruzo esos macizos.
Oh sangre
gotas de lluvia
fragantes pétalos
que me inundáis poro a poro.
¡Luna!
que ahí sigues
al doblar las equinas de los palacios
¡ah vastedad!
ahora me oculto
entre tanto resquicio
tanta espesura
y tanta perfección
 ¡Lagrimas ardientes!
Dios sabe que resbaláis por mi rostro
a la media noche,
cuando sólo persigo
esa mágica oscuridad
o el ardor
de otra sombra.

                     Maribelflores.


jueves, 4 de agosto de 2011

FRAGMENTADA.



Huyes de estos ojos sin calma
y de esta mirada
sin océano
en donde picotea el llanto a modo de alfileres de lluvia.
Profunda soledad
abuzada en la noche.
Grito, y grito y gr…
y mi voz tropieza con la oscuridad.

Porque me dejas el alma derrumbada
y rota,
y el silencio tirado a los pies y
como una hélice dando vueltas
sobre la fiebre de mi desgarradura.

Oh! pero qué revuelo de gaviotas con el último adiós.
¡Y cuando el mar ensombrecido
se quiebra!
Y mientras sollozo se quiebra,
hasta lo inviolado se quiebra dentro del sueño.

La muerte es la única, que de noche,
se compone
y me obedece.  


jueves, 28 de julio de 2011

GOZO Y LLANTO (a mi madre)


Ay madre, tu risa se oye en el ambiente,
me la envió el aire
y me arrancó un suspiro.
¡Alma mía!
la algazara se agranda sobre el monte
y se desliza bajo el cielo
limpia
como una resonancia azul.
Y, entrañas mías,
cuando alzo las manos
me fundo con esa reverberación celeste.
Pero se abrió el valle
y cavó una mina en el agua
y desenterró un viejo yacimiento
y luego la charca trepidando
dio vueltas como un áncora
en lo más hondo de mi corazón.
Ecooo...de mujer
que me devuelves tantas alegrías
y tantas voces inquietas
y sonidos sin aliento y una memoria
entristecida,
y sin embargo, invadida por la acústica.
Vientre, matriz, cauce
de mi semejanza contigo y de mi complejidad,
si aún escuchas
si aún sientes
si vigilas con tu olfato de asilo o de víctima
si eres indulgente
o la gloria eres.
Consuélame el ánimo
pues cuando él se agita, yo te busco.
Al menos, compláceme con el entorno
o quien sabe si este paraje, único,
se volverá viento
y el luto me trizará. 
Y si esa aura tan difícil
que trasiega sobre nuestro río
se trabara en urdimbre,
me volvería tejido prieto de clamor y trance.


                                                

lunes, 25 de julio de 2011

ENFOQUE EN BLANCO Y NEGRO.


           Es media noche y estoy tumbada sobre el lecho y unas sábanas blancas. Soy Eva, y sobre mi cuerpo desnudo cabalgan juntos la exaltación y el aire destemplado de la madrugada. Expuesta al relente de la noche y de la sierra, el vello se me eriza y la piel se me amasó en escarcha. En la penumbra vislumbro estas paredes vírgenes de las que a veces emergen arcaicas sombras que en el transcurso de la noche, se comunican conmigo. Apariencias invisibles y pálidas,  pero que me hablan más que nunca.
           En el tabique sur hay abierto, de par en par, un ventanal al mundo y a los astros. Al fondo de ese paisaje oscuro, la lejana línea del horizonte se ha fusionado en un magma de negros. Aunque, esta mirada de ave nocturna me cuela en esa oscuridad y me impregna de ese negro azabache del cielo, de ese gris azulado del mar que me imagino y de ese pardo mate del valle y de esta tierra. Toda la atmósfera quedó mimetizada entre la noche oscura. Y esa oscuridad sobrecogedora y taciturna es el alma de este lugar y de los seres que se expatrían de aquí.
            Pero yo contemplo con admiración ese firmamento de negros en el que está presente la muerte, pero sin duda, también la vida. Esa substancia infernal y deliciosa, en la que siempre habito.
            Mil ojillos brunos de muñeca o de búho, han girado ahora al lado opuesto de esa quebrada que hace el valle. Y una iglesia blanca iluminada por las luces cálidas de la explanada, se aviva en el repecho del municipio como una antorcha, intensificando esa calcárea arquitectura. Detrás del templo, la silueta de dos cerros crea un fondo sinuoso semejante a la figura de una joven mujer. Y si aprieto los párpados, durante un minuto, el campanario blanco de la torreta se aglutina con el paisaje negro de los cerros y se transforma en un enfoque fotográfico tirando a sepia.
          Sin embargo esta amalgama tan natural de cielo tupido, montaña y santuario, en realidad, solamente traza un espléndido cuadro que embarga mi corazón misántropo.
          Un extenso perfil de múltiples y desiguales volúmenes en la opacidad de este aldeano territorio. Bultos y más bultos, que cuando cierras los ojos quisiera tragárselos esa boca de lobo en la que se transforma, de noche, la hondonada. Pero si hago balance, comprendo, que un subterráneo de inmóviles, oscuros y graves contornos ambientales anida en mí, como otra forma de vida y de memoria. Pues durante el anonimato de la noche, esa cerrazón ambiental me transforma claramente en ave. Y esa otra vida que cobro de pájaro en libertad, se apropia a menudo de mi pensamiento.
  
           La techumbre del cuarto se ha evaporado y en este momento su transparencia me resulta agradable pero desconocida. Se ha convertido en una cubierta de vidrio diáfano y sonoro como el cristal de Bohemia. Lo cierto es, que mis tímpanos de pájaro sensibles más que nunca, perciben esa vibrante sinfonía dentro de este reducido espacio, similar a un cubículo. Y es ahora, cuando mis ojos de halcón vueltos hacia arriba en una suerte de trance imaginario lo ven todo a cielo raso o, como si no hubiera sobre mi cabeza cubrimiento alguno, salvo ese firmamento ideal. Sin embargo yo percibo la noche y sus volúmenes con la misma claridad viva de la luz diurna. Y mientras aguardo con gran resignación a que me llegue el sueño y el descanso, localizo cualquier lejano planeta o alguna que otra constelación.
          Cuando era niña, suspiraba por creer que esa fascinación que ejercen en mí los astros, era algo similar, a cogerse de esa materia inalcanzable de la que están hechos los sueños.

            Así pues, grave y solemne igual que una figura estática encima del lecho, levanto al cielo mi espíritu ebrio, mi gesto de asombro, mi brazo enérgico y mi dedo índice de la mano derecha y voy siguiendo la trayectoria de los astros y cuento uno, dos, tres, cuatro…  vértices de plata. Y después sigo el esbozo de la Estrella Polar o de la mismísima Vía Láctea, pero reconozco que me pierdo en el itinerario porque ese rastro sideral se me hace incalculable. El marco es tan hermoso que magnetizada por lo que apunta el extremo de mi dedo, las estrellas arrastran de este instinto soñador y caprichoso que se eleva como una pavesa hacia el cielo, y a horcajadas sobre la luna pero menguada igual que ese planeta,  desde tanta altura, ni puedo pestañear.  


                                                      

lunes, 18 de julio de 2011

MUDEZ, DELIRIO.


Rama seca
inerte tronco de árbol con hendeduras pero sin labios
y sin boca.
Pequeño amanecer
amarga ternura
viento revuelto
y gélido abrazo.

Íntimo aposento
y espesa niebla
en donde nada se estanca, salvo el olvido.
Caído astro que marcas infinitas cruces a mi paso.
Criatura somnolienta de ayer, de hoy y de ahora,
tu cuerpo
es la ribera al extremo del lecho.
Crisálida marchita, enferma y vacía
esa seda es la melancólía
y un vertedero de tristeza y silencio.

Oh albor, dame la vida
la danza
la música,
mas,
resucítame de ese corazón extirpado en oscuros pétalos
como un preludio fosco.

Fragante campo de hierba
que rebasas límpido la ventana y el velo de ese dosel.
Pámpanos y rosas
vaciaros
sobre mis sueños blancos y mi cama prieta.

¡Tálamo! Charca de aceites esenciales.
Elixir de amor sin agua y sin poza
vertiendo olas estériles sobre mi cuerpo laxo
y mi lecho pedregoso.
Corazón de hielo
y labios de hojalata indiferentes a mí.
Bordes ásperos para estas ansias, esta sed 
y éste, mi deseo.


                                                              

miércoles, 13 de julio de 2011

GOLPES.



Es la hora vespertina
y una elipsis latiendo en la lejanía.
Mal presagio
el que nos trae otra nueva carencia.
Y no hay esperanza
pues la tempestad sacude ahora mismo la tierra
las campanas
el viento
la hojarasca…
Las flechas del infierno, hoy tiran de su lengua de fuego
y el estío zumba entre los árboles
una ola de llamas.
Ah peso. Sustancia de dolor y de anochecer 
Ah punzada. ¡Alma!
esencia de este lugar de goce y remordimiento.
Sacude tus manos y di adiós a las nubes
al agua
a la gloria,
al sufrimiento.  
Pañuelos blancos para mi cielo de verano
negros, para el invierno de mi infancia
y para aquella hora callada.
Silencio para una estrella, que dobló esta mañana, 
y nadie ¡jamás! la echará en falta. 




jueves, 7 de julio de 2011

COMO EN EL MAR.



Esta mañana aspiro con fuerza el viento de poniente que llega del océano.
A veces,
ese mar lejano,
trae en el aire su olor a salitre o yo solo me lo imagino.
Por el levante, el sol,  ha decido vaciarse de sí mismo sobre aquel horizonte de montañas.
Y si cierro los ojos,
aspiro, aspiro… y todo es brisa o soplo de aire que me embriaga del ambiente,
pues todo ese confín, es inmensurable
e insólitamente hermoso,
y por una vez,
tejo una falsa tela de araña que no aprisiona ni el dolor ni el desvelo de la noche ni el socavo del alma.
Y si despliego mis brazos delante de la ventana como si fueran dos mástiles despojados
de su vela,
tanta maldición se desvanece y mi corazón se ensancha y luego la estancia cobra vida de pájaro y me muestra virgen sobre un acantilado. ¿O seré yo la gaviota?. 
En verdad, un dios me protege hoy de aflicciones pasadas,
y si contemplo el cielo, veo,
como le crecen alas plomizas, a un ave poderosa,
pero cuando vuela, al frente de aquel cúmulo nacarado.  

martes, 5 de julio de 2011

LUGAR DE NACIMIENTO.


Cuando me cubra el agua del río
y el campo santo me arañe
con su herrumbrosa tierra,
el lodo,
crecerá ya entre las cuencas de mis ojos vacíos
y como una envoltura revestirá mi esqueleto
y estos dedos consumidos. 

Pero sobre ese estío, aún por hacer,
y que
en la vida me pertenecerá,
aclamo que nací de esta agua irisada  
y de este suelo fuliginoso
donde nada parece acontecer.

¡Oh sombra del futuro,
noche desconocida!
¡Oh viento de la sierra!
que revuelve ahora mis heridas
y ese azul índigo
que intacto se despeña
por encima de estos escabrosos cerros.

¡Oh alborada!
cuando las primeras luces me despiertan,
el río a la par me llama.

Y ese cuerpo líquido,
vierte sus primeros deseos,
sobre mi inconsolable armazón

y
aunque luego me bordea
ese reguero de agua,
por otro lado,
la mezquina muerte
me besa en la boca
con esos labios tan indiferentes
del mañana.

viernes, 1 de julio de 2011

OLEADAS.


De nuevo soy tacto sobre el lecho
una oleada de levadura maleable
o polvo de oro en suspensión.

Y otra vez un fragmento de locura
que besa el aire en medio de la noche.
Soy un sueño obstinado
o la curvatura de la luna grabada en los espejos
de esta habitación.

Indócil me veo.

Un gato negro que rueda
por la escalinata
y sigiloso como nunca
extrae del silencio una piedra que habla.

Y la penumbra se colocó del revés
y mientras,
mis ojos vueltos
pero sobrecogidos
miran la belleza de la media luz.

Y de nuevo esa araña que trepa
¡Oh deseo!
Mi vida pende de ese hilo

¡Me duelo, me duelo, me d…!
y le hablo a una vela que vigila
detrás de aquel tragaluz,
pero si vieras cómo leo en ese lenguaje de humo
cómo esa luz existe
y no es ninguna ilusión.
Si vieras cómo me deshago
del silencio
y me anudo a esa utopía. 


lunes, 27 de junio de 2011

CREACIÓN.



Un profundo reposo.
El único sueño deseable.
Esa ingente nube azabache,
o el último segundo del día
con otro recuerdo nítido
ahora inaprensible.
La tierra dormida y levitando
y la noche indescifrable
igual que la tristeza,
los dedos encaramados a la luna
y mi abstracción amoldando
confusión y quietud
y observando,
ese mural esmerado de estrellas
y ese cielo palpitante que
clava sus ojos fúlgidos en mí
cual noche rutilante.




viernes, 24 de junio de 2011

AQUELARRE.


En las tardes tórridas de verano
y en la distancia de la soledad,
escucho,
el canto denso de unas llamas
cuando en mi tierra
se quemaba un extenso matorral.

Ese crujido oscilante y seco,
que hacía lloviznar en el aire
el fulgor del fuego suspendido,
se muere hoy en mi memoria
y en las remotas noches de S. Juan.

Aquella brujería,
donde ardían nuestras máscaras
y sonaba a eterna la música ancestral,
formaba un coro de lobos jadeantes
danzando en círculo
alrededor de una hoguera.

Pero tal fiebre
provocaba cierto hechizo estacional
y de ese deseo encendido
afloraba una magia en el aire
y en los labios,
un exquisito bebedizo.

Hacia la medianoche
aquellas agitadas sombras, perdían su nombre,
y un ciento de rostros invisibles
paladeaban el dulce vino del estío
y el roce ardiente de otro pecho.
 
Y si arrugábamos los párpados
y desenfocábamos, 
nuestro escaso campo visual,
el mundo se volvía virgen
o ¡Dios sabe! si enteramente del revés,
porque en un soplo,
nos cubría un manto de fuego
y estrellas
y ¡todo eran chispas! acariciando la noche
las flores
y la luna,
y los endebles hilos del amor.



martes, 21 de junio de 2011

BACO EN EL JARDÍN.


      
       
           El verano estalla trazando una fisura, justo, sobre esa línea de la vida y de la muerte hendida entre la palma de mi mano. Estalla entre mis dedos trémulos y en esta dermis agotada y húmeda; en el muro de la verdad que se irradia desde estos ojos palpitantes y negros en espera del alba y del reposo. Estalla en mitad del día y en la media noche y en las aves que al amanecer graznan y van de árbol en árbol. Ese verano que me muestra frente al rostro la espesura del jardín y una abundante fantasía, y al mismo tiempo, la existencia de tanto abandono y tanta nostalgia y tanta sed y tanto vacío. Esa canícula que se descargó sobre mis sentidos y sobre la cubierta de esta casa y entró por ese ventanal, ahora totalmente abierto, y a la espera, de que alguien se acerque hasta mi escondrijo y sacie ésta mi sed y luego acepte mi hospitalidad y llene este silencio y yo le ofrezca y beba sin más de mi azucarado vino.