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viernes, 24 de febrero de 2012

ESPACIO VACÍO

Hace tiempo
que rasgo el silencio
pero la mudez avanza
y este espacio me cierra sus muros.
¡Y qué estática se me hace la mañana!
Yo respiro
y aún se ve desnudo este territorio
de tanta soledad.
Páramo yermo
donde se ocultan tus gestos, uno a uno,
aunque me agote el baño
de sol,
aunque me invada.
Y pesa la luz como un fulgor letárgico
en un teatro vacío
donde ya no hay nadie, y yo,
suplico en vano,
que inclines tu rostro de siempre sobre mí,
y me orientes
en mi largo y extraviado camino.
Pero estos son mis ojos
y estas son mis manos
que hallaron su reposo
al aire libre
donde mi rostro yace desvelado
o alza la mirada
                            y el astro lo destruye. 

                                                      Maribelflores

domingo, 12 de febrero de 2012

MI FORTALEZA ESTÁ EN RECORDAR

     Me movía por la vida haciendo puzzles con las piezas dispersas de mis sueños, cuando finalizaba, los miraba unos segundos y luego los deshacía uno a uno para volverlos después a montar.
         Preparaba a voluntad cada segmento del rompecabezas, y una vez, ordené minuciosamente aquel puzzle de “Hija de Los Astros” y cada ínfimo fragmento se ajustó al conjunto adecuadamente. 
       Al margen de aquel pasatiempo impecable, me había creado el hábito de anotar en un cuaderno, los secretos de mi precoz orfandad para que no se perdiera aquella dote insana impuesta por la pérdida. Con garabatos torpes, anotaba, cómo se inflaba el sacrificio  y cómo el holocausto dominaba todas mis creencias y la interpretación engañosa de los hechos. Glosaba el resultado del légamo y lo marcaba celosamente. ¿Cuál era mi verdad? ¿Qué fue de aquel alimento qué ahora juzgo escrupulosamente? Pero cuando empezaba hacer limpieza, me perdía o me consumía, o ambas cosas a la vez.
         Sin embargo, al principio de aquel todo, suspiraba porque me adoptara un insólito astro o le suplicaba algún cometa que me izara a lomos de su cola dándome la ocasión, de dar montada, la vuelta al mundo. Otras veces, imaginaba a Saturno rodeándome con sus aros cósmicos y aquel regazo brillante, lo transfiguré en los brazos compasivos de una madre donde aliviar intactas las angustias. A veces me sentaba en una esquina y me encandilaba, cegada por el fulgor de la creación.  Sin embargo, durante las noches, fue la luna menguada la que a menudo me susurró.
        Aquí tienes mi espina dorsal, podrás coronarte encima y contemplar tantas veces lo  desees, el universo renovado.
        Yo soy pequeña -y le señalaba con el dedo índice mi talla diminuta- y cuando llegue a tu altura  estaré agotada.
        El firmamento te espera pero te advierto criatura que soy estricta con mis hijos.
        Y me murmuraba de nuevo aquel satélite oval.  
        Necesitas constancia si deseas alcanzar tu destino.  
       Uauuu!! Y yo suspiraba al oír tan intuitivos juicios.
       Tendrás que correr en recto y otras más, habrás de proceder doblada, pero arráncale al deseo tu ingente necesidad.
       Mmm… Luna, pero si  me empeño.
       Y aquella luna me devolvía su respuesta con autoridad.
       Te falla el tesón y la disciplina y debes adiestrar tu voluntad.
       Pero es duro aprender. Le respondía de nuevo, sintiéndome incapaz.
       Nadie me oye y creo que me voy a estrellar.
      Una madre debe  imponerse a los tercos caprichos de su creación o los  sueños de sus  hijos se volverán del revés
         De aquel dialogo esperaba que se me revelara alguna claridad.
          Hubo noches enteras, durante el transcurso del verano, que me mantuve despierta hasta el amanecer persiguiendo con la impaciencia de mis ojos oscuros, la translación de algún astro y la órbita que describía su estela al pasar. Aquel firmamento rebosado de absurdos vaticinios, dragones y cabelleras de cometas, me sobrecogía de manera. Su droga me mantuvo viva en aquella rara dimensión, mientras la tierra entera dormía. Cuando la madrugada avanzaba me empapaba de la intemperie hecha una madeja, y toda yo, envuelta en mis brazos. Única y resuelta, me abandonaba a los sueños entre aquel monologo vivo. Y hubo noches así en mi desabrigo que un gato albo, con tintes desiguales pero incomparables visos en los ojos, que me cortejaba en aquella soledad mientras deambulaba al filo de las tejas del techado. Aquella arista de pizarra se volvió su atajo privado en noches resplandecientes de luna. Sin embargo, cuando aquel felino le maullaba a todo el vecindario, imploraba para sí, como una criatura recién parida. Su aspecto fiero, lo invoco, y me aflojo, o acaso me resquebrajo.
      Cuando amanecía, el día era especialmente duro y a menudo, se me hacía un nudo en el cerebro y otro aún más apretado en el corazón.
     Nada ha cambiado, de algún modo asombroso el firmamento contiene aquella misma inmensidad, tan exacta, que he sido yo la que ha mermado su estatura.

         
Ahora es invierno
y he salido desde el umbral vacío
a descubrir el trazo segado
de la escarcha.
Y todo habita sitiado
por ese  manto
espesísimo
de silencio y melancolía.


                         
                              
                                                                                                      Maribelflores

miércoles, 1 de febrero de 2012

LA NOCHE RESPLANDECE

      Debía de ser una noche de invierno igual a la de ahora pues témpanos de hielo se clavaban en mi piel como puñales, aunque la luna, me guiaba en los pasos. Me devanaba en el fuego vivo de un recuerdo. Y la noche y su vaivén eran mi hoguera.
         Como un diamante el destello de los astros pulía la cerrazón de las horas y mi ambigua sombra, se alargaba irreal sobre el camino. Singular y evanescente, la mancha oscura de mi silueta estaba condenada a morir estrangulada entre abrojos. Las horas nocturnas se sumaban fragmentadas, lo mismo que en un ábaco de minuciosas cuentas y blancas pátinas. En las órbitas de mis ojos se dibujaba la noche turbadora. Y la semblanza fuliginosa del cielo revolvía sus poderosas alas y en sus ojos visionarios observé la compasión por mi ser clandestino, que contaba sus pasos, y el curso perezoso de esas altas horas. Mis pupilas dilatadas se removieron entre el cieno de la atmósfera igual que si en mis venas, una mano negra, hubiese inyectado el amargo veneno de la belladona.
          Conmovedora noche en la que acabé apresada en el beso adúltero y glacial del aire y en la sublime luz de los hados. 



Estoy sola
frente al confín                                                       
de la noche.
Con obsesión
espero
el resplandor
del las primeras luces
y el 

despuntar del alba.
En mi faz
cae
la placidez
de una estrella
y pronto caerá
el manto
etéreo de
la aurora
(coralino éter que en mi rostro se abandona)
El orbe titila
en el interior
de mi vientre
y llora la luz
si muere su oro.

                                         Maribelflores